lunes, 4 de enero de 2016
jueves, 31 de diciembre de 2015
Escribir para niños
“Lo que el adulto expresa al niño cuando pone libros
ilustrados frente a él y los abre es también: te presento los libros porque una
inmensa parte de lo que han descubierto los seres humanos está escondido en
ellos, podrás abrevar en su interior para darle sentido a tu vida, saber lo que
otros pensaron sobre las preguntas que te haces; no estás solo para enfrentarlas.”
(Petit, 2012, p 267)
Los libros le
brindan la posibilidad a los niños de encontrar una respuesta a sus
cuestionamientos, de darle sentido a las situaciones que los rodean, de
explorar nuevos mundos cotidianos y distantes. Son una posibilidad abierta a su
imaginación, sus sentimientos y pensamientos.
Los niños con una capacidad innata y auténtica para el
asombro, emprenden la majestuosa tarea de descubrir el mundo y cuando todo es
nuevo por primera vez, “todo es materia para el creador, porque todo lo que
ocurre en la vida, todo lo que nos rodea es de interés para los niños y niñas.”[1]
Sin embargo el poeta y autor infantil cubano Chericián,
resalta la importancia de respetar a los niños, intentar penetrar en su mundo y
no subestimarlos, pues “los niños son capaces de entender muchas más cosas de
las que nosotros podemos suponer” [...] “los niños, además de ser 'los que saben querer',
son los únicos capaces de comprenderlo todo.” (1995, p 11-12)
En concordancia con
lo anterior, resaltamos que todo escritor de literatura infantil debe tener una
postura en la que reconozca a los niños como sujetos de derechos, sin
subestimar sus capacidades críticas y
lectoras, mimetizando o limitando las acciones y el lenguaje en los relatos que
escribe para ellos. Como concluye Chericián: “Con los niños -en la vida y en la
literatura- hay que establecer una comunicación natural, sin afectaciones de
ningún tipo.” (1995, p 13)
En mi opinión, a pesar de que los niños están deseosos
de conocer nuevas cosas, no cualquier historia será de su gusto e interés, son
un público crítico y selectivo que busca contenidos entretenidos, que respondan
a sus vivencias, cuestionamientos, sentimientos y conflictos.
Como lo afirma Mario Rey: “Los niños, como los adultos, se
acercarán a una u otra obra literaria, y se sumergirán en ella si en algún
nivel, racional o vivencial, consciente o inconsciente, ésta les transmite un
mensaje, si les permite vivir o revivir determinadas experiencias, si les
produce goce, si los seduce.” (en Esquivel, 2013).
Es vital reconocer la sensibilidad literaria de los niños,
su capacidad de asombro e imaginación. Aunque, al escribir historias debemos
respetar las leyes que le permitan ser coherente en sí misma, como afirma
Silvia Kohan, “los niños son capaces de aceptar los sucesos más improbables y
en un cuento para niños todo puede transformarse en otra cosa y todo puede
ejecutar cualquier acción.” (2013, p 31)
Muchos autores concuerdan que el escribir historias, no se
trata de documentar la realidad sino de transformarla. Al escribir un relato
para niños creamos una mezcla entre la fantasía y la realidad, un relato que
contiene objetos y acciones que transcurren en el mundo real, pero que
interactúan bajo nuevas leyes que les dan sentido.
“ [...] libros,
en suma, que no fotografíen la realidad sino que, universalizando, la
trasciendan; una literatura que pueda ser leída por los niños, pero con todos
los requerimientos de la obra artística.” (Pascual en Kohan, 2013, p 17)
Al escribir un libro
para niños se construye un mundo que alimenta sus ilusiones y sentimientos
otorgándoles sentido, historias que no solo les permiten tener una visión más
amplia del mundo, sino que también los resguardan, los inquietan, les permiten
soñar, reír, temer e incluso llorar.
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