jueves, 31 de diciembre de 2015

Escribir para niños




“Lo que el adulto expresa al niño cuando pone libros ilustrados frente a él y los abre es también: te presento los libros porque una inmensa parte de lo que han descubierto los seres humanos está escondido en ellos, podrás abrevar en su interior para darle sentido a tu vida, saber lo que otros pensaron sobre las preguntas que te haces; no estás solo para enfrentarlas.” (Petit, 2012, p 267)

   Los libros le brindan la posibilidad a los niños de encontrar una respuesta a sus cuestionamientos, de darle sentido a las situaciones que los rodean, de explorar nuevos mundos cotidianos y distantes. Son una posibilidad abierta a su imaginación, sus sentimientos y pensamientos.

Los niños con una capacidad innata y auténtica para el asombro, emprenden la majestuosa tarea de descubrir el mundo y cuando todo es nuevo por primera vez, “todo es materia para el creador, porque todo lo que ocurre en la vida, todo lo que nos rodea es de interés para los niños y niñas.”[1]

Sin embargo el poeta y autor infantil cubano Chericián, resalta la importancia de respetar a los niños, intentar penetrar en su mundo y no subestimarlos, pues “los niños son capaces de entender muchas más cosas de las que nosotros podemos suponer” [...] “los niños, además de ser 'los que saben querer', son los únicos capaces de comprenderlo todo.” (1995, p 11-12)

   En concordancia con lo anterior, resaltamos que todo escritor de literatura infantil debe tener una postura en la que reconozca a los niños como sujetos de derechos, sin subestimar sus  capacidades críticas y lectoras, mimetizando o limitando las acciones y el lenguaje en los relatos que escribe para ellos. Como concluye Chericián: “Con los niños -en la vida y en la literatura- hay que establecer una comunicación natural, sin afectaciones de ningún tipo.” (1995, p 13)

En mi opinión, a pesar de que los niños están deseosos de conocer nuevas cosas, no cualquier historia será de su gusto e interés, son un público crítico y selectivo que busca contenidos entretenidos, que respondan a sus vivencias, cuestionamientos, sentimientos y conflictos.

Como lo afirma Mario Rey: “Los niños, como los adultos, se acercarán a una u otra obra literaria, y se sumergirán en ella si en algún nivel, racional o vivencial, consciente o inconsciente, ésta les transmite un mensaje, si les permite vivir o revivir determinadas experiencias, si les produce goce, si los seduce.” (en Esquivel, 2013).

Es vital reconocer la sensibilidad literaria de los niños, su capacidad de asombro e imaginación. Aunque, al escribir historias debemos respetar las leyes que le permitan ser coherente en sí misma, como afirma Silvia Kohan, “los niños son capaces de aceptar los sucesos más improbables y en un cuento para niños todo puede transformarse en otra cosa y todo puede ejecutar cualquier acción.” (2013, p 31)

Muchos autores concuerdan que el escribir historias, no se trata de documentar la realidad sino de transformarla. Al escribir un relato para niños creamos una mezcla entre la fantasía y la realidad, un relato que contiene objetos y acciones que transcurren en el mundo real, pero que interactúan bajo nuevas leyes que les dan sentido.

[...] libros, en suma, que no fotografíen la realidad sino que, universalizando, la trasciendan; una literatura que pueda ser leída por los niños, pero con todos los requerimientos de la obra artística.” (Pascual en Kohan, 2013, p 17)    

   Al escribir un libro para niños se construye un mundo que alimenta sus ilusiones y sentimientos otorgándoles sentido, historias que no solo les permiten tener una visión más amplia del mundo, sino que también los resguardan, los inquietan, les permiten soñar, reír, temer e incluso llorar.



[1]David Chericián. (Octubre 1995). Escribir para niños. Hojas de lectura, No.37, p 11